
Yo soy el que espera al fin de cada camino y cada historia,
el que pesa lo que escondiste: la pluma graba tu memoria.
Con tu oro y tus plegarias no me vas a arrodillar:
soy el que pesa tu alma y no sé lo que es perdonar.
Miro a los vivos reírse y alardear de su suerte,
y en mi balanza ya está el peso que les traerá la muerte.
Los que vendieron su nombre por un trono de mentira,
en mi puerta encuentran el final que ya no se retira.
Los brujos me quisieron engañar con amuletos viejos,
pero la pluma pesa recta y no se vende a los espejos.
El que se escapa del mundo creyendo ganarle a la frontera,
ya tiene su nombre escrito: la pluma lo llama y lo espera.
Te vi jurarle al cielo que tu corazón es fino,
pero mi balanza sabe del barro de tu camino.
¡NO VENGAS A DECIRME QUE TU CORAZÓN ES PURO:
¡YO PESO LO QUE TRAES: ACÁ NO VALE EL CONJURO!
¡AQUÍ NO VALEN REZOS: TODOS PISAN MI CAMINO,
¡Y AL TRAIDOR LE GUARDO UN ODIO NEGRO Y FINO!
Debajo de la arena que cruzas hay una boca hambrienta,
y si el peso te condena, esa boca cierra tu cuenta.
Te escudaste en la noche y te adueñaste del sueño,
pero al final de la ruta, el chacal siempre fue tu dueño.
Te creíste eterno y libre, en la cima de la nada,
y la boca que devora ya está abierta, preparada.
Yo no olvido ningún nombre ni el miedo de tu mirada,
la sentencia final en mi balanza ya está pesada.
¡NO VENGAS A DECIRME QUE TU CORAZÓN ES PURO:
¡YO PESO LO QUE TRAES: ACÁ NO VALE EL CONJURO!
¡AQUÍ NO VALEN REZOS: TODOS PISAN MI CAMINO,
¡Y AL TRAIDOR LE GUARDO UN ODIO NEGRO Y FINO!
Cantan mi nombre en secreto y me niegan en su mesa,
mas al final de su historia me encuentran: es mi promesa.
No me busques en los templos: me hallarás en la balanza,
donde todo lo que pesa, tarde o temprano, te alcanza.