
Nunca aprendí a arrodillarme: me criaron para morder.
Conozco de sobra el miedo, pero nunca supe ceder.
Pueden juntarse contra mí, jugarse la propia suerte,
pero de rodillas no me ven ni en la hora de la muerte.
Ah... ah... ah...
Sé que voy a perder, lo sé desde antes de nacer.
Sé que hay mil que apuestan a verme morder el polvo y ceder.
Pero yo traigo otro pacto, traigo otra ley clavada:
si me van a ver caer, que sea de pie y con la cara levantada.
¿Para qué apostar contra todo si la cima no me espera?
Porque hay triunfos que apestan y derrotas que son bandera.
VOY A ENFRENTARLOS A TODOS, AUNQUE SÉ QUE VOY A PERDER,
PERO DE RODILLAS NUNCA: NI POR DIOS NI POR PODER.
QUE ME TENGAN RODEADO, QUE ME CREAN ACORRALADO:
YO ELIJO PERDER DE PIE ANTES QUE VIVIR ARRODILLADO.
Me han visto en el barro, me han visto perder y callar,
me han querido ver tirado, me han querido doblegar.
Pero yo no vendo mi nuca ni la empeño por favor:
el día que caiga va a ser de frente y con honor.
Sé que el mundo premia al manso y aplaude al que se humilla,
pero hay orgullos que duelen igual que una cuchilla.
Sé que voy a perder, pero perder ya no me asusta:
yo elijo caer entero antes que una vida injusta.
Que hablen de mí como quieran, que me tachen de obcecado,
que digan que perdí la guerra, pero nunca que me han quebrado.
Sé que el polvo me va a comer y que la historia será olvidada,
pero de frente, parado, va a quedar mi última mirada.
QUE CAIGA EL CIELO, QUE SE HUNDA LA TIERRA ENTERA:
NO ME ARRODILLO NI ANTE DIOS — ESA ES MI LEY PRIMERA.
QUE BORREN MI NOMBRE, QUE EL OLVIDO SEA LO QUE ME ESPERA:
PERO DE PIE, DERECHO, MIRANDO LA POLVAREDA.
Van a decir que perdí.
Va a ser cierto: yo caí.
Que lo cuente todo el mundo, que se ría el que haya querido:
a mí me van a ver de pie hasta el último latido.