
Son las tres de la mañana y estoy frente al espejo.
El que me mira desde el otro lado no es un reflejo.
Tiene mi misma cara y mi mismo nombre.
Y cuando habla, su voz sale de mi garganta, no de otro hombre.
No hay nadie más en esta habitación, solo yo y el espejo.
Pero hay dos voces en mi garganta y las dos son mi reflejo.
Salgo a la calle y sonrío aunque me esté rompiendo.
Le doy la mano al que ayer me estaba hundiendo.
Guardo el dolor en el bolsillo, bien doblado.
Y finjo que no me acuerdo de cada golpe que me han dado.
Mientras tú sonríes, yo cuento las salidas.
Y guardo en mi mano oculta el filo de tus heridas.
Tú les das la mano, yo les miro la mirada.
Y espero el momento exacto en que se les caiga la fachada.
Abro la ventana y dejo entrar el calor.
Y me repito que no todo tiene que ser dolor.
Pero cada vez que confío, alguien me cobra el favor.
Y el que me sonríe hoy, mañana siembra el rumor.
Yo te avisé mil veces: la gente es cobarde.
Te sonríe de frente y te apuñala en la tarde.
No les tengas piedad, no les des otro lugar.
El que hoy te da la mano es el que mañana te va a traicionar.
Y cuando se te acerquen con esa voz de hermano,
acuérdate de mí: yo soy el que te sostiene la mano.
Y cada vez que intento creer en la gente,
me acuerdo de tus ojos y me rindo de repente.
Y yo estoy aquí, esperando ese momento.
No te voy a fallar: yo soy tu pensamiento.
No te voy a dejar solo con tu bondad.
Yo soy el que te cuida... aunque te duela la verdad.
Dos mitades, un solo nombre.
Dos mitades, un solo hombre.
Una te quiere vivo, mi sombra te quiere muerto.
Y las dos comparten el mismo desierto.
Volví a confiar en alguien y me volvió a fallar.
Y esta vez no sé si quiero volver a empezar.
Me miro en el espejo y ya no sé quién está hablando.
Si soy el que perdona o el que está esperando.
Yo soy el que espera con la paciencia de un soldado.
Yo soy el que te cuida cuando el mundo te ha dejado.
No soy tu enemigo: soy la parte que te ha cuidado.
Soy el que te dice la verdad aunque te haya quemado.
No vine a destruirte.
Vine a completarte.
No soy un demonio que vive en tu cabeza.
Soy lo que queda de ti cuando se rompe la promesa.
No soy tu enemigo: soy tu mitad.
Y estoy aquí para quedarme, aunque te duela la verdad.
Dos mitades, un solo nombre.
Dos mitades, un solo hombre.
Una te quiere vivo, mi sombra te quiere muerto.
Y las dos comparten el mismo desierto.
No hay nadie más en esta habitación.
Los dos que hablan son mi corazón.
Y el que te odia y el que te ama
son el mismo hombre, la misma llama.